Mis ruecas. Parte I

ruecaHace cuatro años deseaba aprender a hilar. Lo primero que hice fue buscarme una rueca. Pero no podría ser una rueca cualquiera. Yo quería una antigua y de mi tierra. Será por patriotismo o cultura visual, no lo sé, pero no me van las ruecas modernas de contrachapada, simplemente no me gustan, me parecen demasiado planas y frías.

Así que puse las manos a la obra y me busqué una rueca antigua por anuncio. La tenía un señor que vivía en el campo (de Letonia, claro) y después de muchos tejemanejes por fin tenía una caja de cartón con celo en el que con letras azules se ponía LATVIJAS PASTS (CORREO DE LETONIA) y al agitarla dentro se sonaban detalles de madera. ¡Qué ilusión!

Era una rueca verdaderamente vieja, cubierta de mugre, con las patas parcialmente comidas por gusanos. Además alguien había fijado con ¡clavos! los detalles que ya se caían.

Quité la mugre y los clavos, lijé todos los detalles. Los pegué y barnicé. La monté. Y pensé que ahora sí que voy a hilar. Estaba convencida que sólo al sentarme con mi rueca ya podré hilar y cantar. Pero que va. No me salía gran cosa. Y sólo ahora, después de mucho tiempo, muchas idas y venidas, mucha lana malgastada por fin me sale hilo más o menos igual y bonito.

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Entonces dejé la rueca como decoración y empecé a buscar algún curso de hilado. El único sitio que conseguí encontrar en la comunidad de Madrid era el estudio textil Indigo. Por aquel entonces aún no habían aparecido los chicos de mundo lanar, ni Madrid Spins, ni nada.

Durante el curso que hice encantada y muy entusiasmada, me alinearon la rueca. En fin, no hilaba porque la rueda (o rueca, como se llama también) no estaba en la misma linea que bobina y, claro, yo como completo profano en ruecas no había notado ese desperfecto. 

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Pero eso aún no era todo. Cuando intentaba hilar, notaba que a las patas (bonitas, tornadas de madera maciza) les faltan altura. Seguro que la rueca había estado en algún galpón donde se habían podrido sencillamente. Así que las llevé a un carpintero para que se las añade los “pies”.

Hoy en día ya sé muchas más cosas de mi rueca y le he cogido mucho cariño aunque hilo  con mi otra rueca, Traditional de Ashford.

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